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Tiene que ser frustrante presentarte a un concurso de baile y quedar segunda por detrás de alguien que se mueve muchísimo peor que tú. Eso es lo que le ha pasado a Edurne, la joven artista madrileña que, a pesar de su talento, cayó derrotada en MQB: Más que baile frente a la popularidad de Belén Esteban. Como el resultado estaba cantado, le queda el consuelo de haber sido elegida la mejor por el jurado.
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-¿Aunque era lo esperado, duele terminar segunda de esta manera tan injusta?
-Duele, pero poco, ya que tenía asumido que sería así. En todas la galas el público había apoyado incondicionalmente a Belén y el desenlace era obvio. De todos modos, reconozco que hasta el último momento tenía la pequeña esperanza de que cambiaran las cosas. Y a punto estuvo de suceder porque la votación fue bastante igualada.
-¿Te sentiste impotente?
-Sí, porque en teoría lo que se debía de valorar eran las aptitudes de cada uno para la danza, pero estamos en televisión y sabemos que esto funciona así. La propia Belén sabe que no baila bien, que había otros mejores. Lo positivo de esta situación es que el dinero va a una ONG.
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-Siempre dijiste que tu ganador era Víctor Janeiro. ¿Por qué?
-De todos, es el que más ha evolucionado. Hemos descubierto una faceta suya que desconocíamos. Empezó sin dar ni un paso y ha resultado ser un proyecto de bailarín. Además, se ha esforzado a tope y se lo ha tomado muy en serio, que aquí es lo más importante. Tangos, pasodobles, rumbas, vals… no se le ha resistido ningún ritmo.
-¿Cuál era su punto fuerte?
-Su increíble facilidad para memorizar las coreografías. Daba igual los pasos que hubiese, los retenía sin dificultad y encima los hacía perfectos. Su defecto, en cambio, que siempre estaba muy pendiente de su pareja. Y es algo que nos pasaba también a los demás. Nos dejábamos llevar demasiado y, a veces, eso nos creaba inseguridad.
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-¿De Belén destacarías algo?
-En el plano artístico no sé, en las galas le traicionaban los nervios y no se veía lo que había trabajado durante la semana. Lo que tiene mucho mérito de ella es cómo soporta la presión mediática. Debe ser agobiante saber que todo el mundo está pendiente de ti y analiza al milímetro cada cosa que haces.
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-¿Y tú, qué nota te pones?
-¡Uf, prefiero no ponerme nota! Eso sí, el tango, por ejemplo, podía mejorarlo. El primero no me salió muy allá, el segundo lo disfruté poco, y el tercero hubiese quedado muy bien.
-¿Qué ha sido más difícil?
-Las acrobacias. Mis bailes estaban plagados de piruetas y requerían una técnica muy depurada.
-¿Llegaste a pasar miedo?
-Sí, porque te das muchos porrazos, sobre todo en los ensayos. He tenido las piernas y los brazos llenos de moratones.
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-¿Qué estilo se adapta más a ti?
-Todos, pero el que mejor se me daba con diferencia era el urban dance, porque lo hago normalmente en los conciertos. El tango y el vals también me encantan, aunque este último creo que no lo repetiré hasta que me case [risas].
-Han dicho que partías con ventaja por tu profesión. ¿Estás de acuerdo?
-Para nada. No soy profesional ni he asistido al Conservatorio de Danza ni nada parecido. No había bailado nunca, ni siquiera en el musical Grease, que sólo tenía unos pasos al final de la función. Estos comentarios sí me han molestado porque me he dejado la piel en el concurso y la gente no ha valorado mi esfuerzo.
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-¿En el equipo, quién ha sido tu principal apoyo, Poty?
-Poty es una máquina como profesional y un cielo como persona. Tal cual lo ves en televisión, así es. Se pasa todo el rato haciendo bromas, tiene energía a raudales y me gustaría trabajar más con él en el futuro.
-¿Y entre los compañeros?
-Helen Lindes ha sido mi mejor amiga y mi confidente. Somos muy parecidas y nos hemos apoyado la una en la otra. Pero también me llevaba de maravilla con Víctor y El Sevilla. Se pasaban el día de guasa.
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-¿Has cambiado la imagen que tenías de alguno de ellos?
-Sí, El Sevilla. A priori, somos tan distintos que pensé que no íbamos a congeniar bien. Pero al final me ha sorprendido lo inteligente, cariñoso y buena persona que es.
-En la última gala cantasteis a dúo. ¿Te veremos de gira con su grupo, Mojinos Escozíos?
-¡Ya lo hemos hablado, eh!, así que no lo descartes [risas]. Sería divertidísimo. Le he prometido que iría a verle a un concierto y estoy segura de que me subirá al escenario para que cantemos juntos.
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-¿Cómo es Carmen Lomana en las distancias cortas?
-Yo siempre he tenido la teoría de que hay que conocer a las personas antes de juzgarlas y Carmen me ha dado la razón. Es agradable, cercana, cariñosa y muy muy sencilla. No es tan estirada como la gente se piensa. Para mí, es la que mejor se lo ha pasado. Además, es un ejemplo a seguir por su filosofía de vida: “Me da igual lo que diga la gente”. Me he convertido en su mayor fan.
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-¿Ahora, qué proyectos tienes?
-Lo primero, promocionar mi último CD, Nueva piel. El miércoles 2 de junio empezamos la gira y estaremos todo el verano recorriendo España. Me han propuesto varios musicales… y también me gustaría probar algo donde pudiese desarrollar esta nueva faceta como bailarina de salón. ¡Sería la bomba!
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-¿Cuándo te veremos en el cine? ¿Te tienta la idea?
-¡Claro! Pero no quiero aparecer en una película por el simple hecho de probar. Tarde o temprano llegará el momento. Cuido al detalle cada cosa que hago y si trabajo en el cine o en una serie será porque el guión me ilusione.
-¿Quién es tu actriz fetiche?
-Me fijo mucho en las intérpretes extranjeras: Nicole Kidman y Julia Roberts…
-¿Y entre las cantantes?
-Beyoncé, Anastasia y Pink me parecen unas artistazas. Se comen el escenario y luego tienen una voz que te hechiza.
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-¿Qué recuerdos guardas de Operación Triunfo?
-Magníficos, los mejores. Han pasado cinco años y parece que fue ayer. Evidentemente fue mi trampolín y, gracias a aquel programa, he podido cumplir mi sueño de la infancia: ganarme la vida haciendo lo que más me gusta.
-Han pasado cinco años desde OT y conoces a fondo el mundo de la música. ¿Es tan idílico como imaginabas?
-Todo lo contrario. Visto desde fuera parece que no se trabaja tanto y que la vida es de color de rosas, pero no. Desde el principio he tenido que currármelo mucho y luchar sin descanso. Yo he tenido suerte, pero otros compañeros lo están pasando peor. En mi caso, nunca he perdido la ilusión y esa es la clave para seguir adelante y triunfar.
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-¿El problema es la piratería?
-No lo creo, es una conjunción de varios factores y la piratería es sólo la punta del iceberg. No sé cómo se puede solucionar, pero el camino está en ofrecerle al público un producto más atractivo.
-Los artistas vivís también de vuestra imagen. ¿Te cuidas mucho?
-Sí. Me gusta ir al gimnasio y hacer ejercicio para mantenerme en forma, pero con MQB no he tenido demasiado tiempo. Con la gira, lo voy a necesitar. También cuido mi alimentación. No suelo hacer dietas, pero procuro comer de manera equilibrada. Si algún día me permito una hamburguesa o una pizza, pues al día siguiente intento restar calorías. Pero no me privo de nada, la vida está para disfrutarla, no para sufrir.
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-¿Cómo reaccionas cuando se te tuerce un proyecto?
-Con calma. Mis padres me han enseñado a ser una persona positiva y alegre, y siempre veo el vaso medio lleno, nunca medio vacío. Lo que ocurre es que cuando algo sale mal, busco siempre mi parte de culpa.
-¿Hasta qué punto?
-Me considero muy perfeccionista, tremendamente autocrítica.
-Eres muy joven, tienes 24 años, lo próximo que te gustaría es…
-Trabajar en el extranjero y ser reconocida fuera de España.
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A diferencia de otros compañeros de Operación Triunfo, Edurne es una privilegiada, desde que salió de la Academia no ha parado. La hemos visto en conciertos, series, en el musical Grease… “Me han propuesto otros como Hoy no me puedo levantar y Chicago, pero con dos años de Grease he tenido suficiente”.
Mucha más ilusión le hace avanzar en su faceta de actriz. En Yo soy Bea la vimos interpretándose a sí misma e incluso puso la voz a la sintonía. “Tengo ofertas para alguna ficción y también para una película, pero prefiero no contar nada de momento para no gafarlo”, confiesa.